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Mundo Tradicional es una publicación dedicada al estudio de la espiritualidad de Oriente y de Occidente, especialmente de algunas de sus formas tradicionales, destacando la importancia de su mensaje y su plena actualidad a la hora de orientarse cabalmente dentro del confuso ámbito de las corrientes y modas del pensamiento moderno, tan extrañas al verdadero espíritu humano.

viernes, 30 de septiembre de 2011

PARAMARTHASARA (8-13)* de Abhinavagupta (y comentarios de Yogaraja). परमार्थसारः

Comentario de Yogaraja al verso 8

Se podría preguntar: si se ha establecido tanto sobre fundamentos lógicos así como sobre la base de los Textos de los Agamas que el Sí Mismo inherente en todas las cosas es Universal en su naturaleza, y que la Pura Conciencia es la esencia de su Ser y el substrato de todas las manifestaciones debido a su omnipresencia, entonces ¿Por qué es un trozo de arcilla, del cual se afirma no ser diferente del propio Sí Mismo, y a la vez no ser experimentado como el Sí Mismo? Si también se admite que un trozo de arcilla es de la naturaleza del Sí Mismo [a causa de la omnipresencia del Sí Mismo y de ser inherente a todas las cosas], entonces la distinción entre animado e inanimado desparece. ¿Cómo la mundanal vida diaria, que se basa en la diferencia entre la vida de lo animado e inanimado, puede existir [en la ausencia de tal distinción]? El autor {Abhinavagupta} nos da la siguiente respuesta:

        Verso 8
     राहुरदृश्योऽपि यथा शशिबिम्बस्थः प्रकाशते तद्वत्।
सर्वगतोऽप्ययमात्मा विषयाश्रयणेन धीमुकुरे॥८॥
rāhur adśyo 'pi yathā
Śaśi-bimba-stha prakāśate tad-vat |
sarva-gato 'py ayam ātmā
viayāśrayaena dhī-mukure || 8 ||

Al igual que el invisible rāhu (la sombra de la tierra), cuando aparece sobre el circulo de la luna (en el momento de un eclipse lunar) se convierte en visible a nuestros ojos, de la misma manera, el Sí Mismo, a pesar de inundar todo con su presencia, se hace visible en el espejo del intelecto (Bhuddi) al mostrarse como un objeto concreto de conocimiento.

lunes, 19 de septiembre de 2011

NATURALEZA Y MEDIOAMBIENTE, por Manuel Plana

Nuestra relación con la naturaleza y en general con el mundo que nos rodea, ha sido diferente según las épocas y los espacios vitales. Sin embargo, todas las diferentes humanidades que nos han precedido y las tradicionales que aún coexisten con el mundo moderno, tienen en común lo que precisamente las distancia abismalmente de éste, el hecho de considerarla viva y sagrada y tratarla en consecuencia. Por viva y sagrada nos referimos a que es una unidad indivisible con el ser humano, no cerrada en compartimentos estancos sino impregnada desde lo sideral a lo atómico de unas esencias y de una consciencia que no hacen sino expresar un orden superior: “ecosistema”, “biosistema”, “antroposistema” y “cosmosistema” son lo mismo.  Hasta el medioevo nuestra propia cultura coincidía con esa visión o mejor “cosmovisión” unificada de la naturaleza y, aún más, abierta a todas las posibilidades sutiles e incluso “sobrenaturales” de la realidad, tal y como el tiempo y el espacio. Será a partir del mecanicismo, la Ilustración y especialmente de la revolución industrial, que la orientación de la mentalidad general la mirará con ojos de codicia mercantil, en consonancia con la nueva visión del mundo, que abandona la antigua perspectiva concéntrica para dispersarse en un análisis excéntrico, empírico y racional del mundo físico, un análisis reductor y puramente material que, elevado a la categoría de dogma, pretende explicar toda la realidad en clave mecanicista, limitándola a su simple aspecto sensorial.